Enfermedades Orales como Enfermedades de Civilización
¡pero se supone que quien escribió este libro es dentista! ¿Cómo se le ocurre decir algo que podría dejarlo sin trabajo?
Sanar la boca es volver a sincronizarla con la lógica de la vida. La odontología biológica, evolutiva u holística busca hoy comprender esta condición, replanteando el enfoque convencional de los tratamientos dentales. El objetivo del dentista biológico ya no se limita únicamente a los dientes, sino que abarca el contexto completo de la persona, entendiendo que muchas veces existe una desconexión profunda entre la biología humana y el entorno en el que vivimos. Para lograr este propósito, la odontología evolutiva integra diversas herramientas y conocimientos provenientes de otras disciplinas, promoviendo una mirada más amplia, consciente y respetuosa de los procesos naturales. Esta apertura obliga a las y los odontólogos a expandir su perspectiva, convertirse en estudiosas y estudiosos de áreas complementarias y mantener un compromiso constante con la actualización científica, siempre en busca de minimizar los impactos negativos y restaurar el equilibrio natural de la salud bucal y general.
De este modo, el enfoque de la odontología biológica va mucho más allá de la cavidad bucal, que podría llamársele nivel 1 terapéutico. Aquí es hasta dónde llega la mayoría de la odontología tradicional. El nivel 2 explora las conexiones entre la salud oral y el resto del organismo, El nivel 3 Amplía la mirada para comprender cómo cada individuo interactúa con su entorno ecológico y social. Así, se buscan nuevas estrategias para abordar los tratamientos desde la raíz, considerando tanto factores individuales como contextuales que influyen de manera profunda en la salud.
Antes de avanzar, es importante aclarar algunos términos. Hoy en día, existen muchas definiciones para este tipo de odontología de nueva generación. Hay profesionales que abordan estos temas y se identifican como dentistas holísticos, biológicos, neurofocales, entre otras denominaciones.
Sin embargo, al tratarse de un campo reciente y en constante evolución, todavía no existe una escuela o institución formal que agrupe oficialmente estas diferentes corrientes. Considero que el término más adecuado es odontología holística, ya que holístico proviene del griego holos, que significa todo o totalidad. Así, la odontología holística integra aspectos neurofocales, biomiméticos, biológicos y evolutivos. Por ello, de aquí en adelante utilizaré la expresión odontología holística para referirme a este enfoque, y creo que esta misma idea podría aplicarse también a las nuevas tendencias dentro de la medicina.
También considero importante precisar que, desde mi perspectiva, la odontología holística no debería clasificarse como una corriente alternativa ni asociarse con tendencias poco fundamentadas. Más bien, la veo como la evolución natural que debe experimentar la odontología tradicional. Eso sí, para que realmente pueda consolidarse como la odontología del futuro, es fundamental que se base en modelos científicos y evite caer en especulaciones o suposiciones sin el respaldo sólido que proporciona la metodología de la investigación. Las caries En la actualidad, las caries representan la enfermedad más común que afecta a la población mundial; aproximadamente el 35% de las personas presenta caries cavitadas sin tratar.
Preocupante es el dolor asociado a esta afección, siendo catalogado entre los cuatro más intensos que puede experimentar un ser humano. Resulta impactante imaginar el sufrimiento que experimentaban las personas antes de la existencia de los dentistas y de los maravillosos anestésicos locales. El dolor era tan desgarrador que, en muchas ocasiones, la gente acudía a barberos para que les extrajeran las piezas dentales causantes, sin ningún tipo de anestesia, salvo quizás algún licor de producción local que al menos atontara un poco. Y, por si fuera poco, si la extracción no se realizaba a tiempo, era posible que la infección de las caries avanzara hasta afectar los huesos del rostro de la persona, provocando infecciones extensas que, en algunos casos, podían resultar fatales.
Incluso hoy en día, muchas personas siguen sufriendo de dolores intensos causados por problemas dentales. Lo he presenciado especialmente en centros de atención a personas mayores, donde es común ver a ancianos de edad avanzada que, debido a su deterioro cognitivo, no pueden expresar claramente su malestar. En estos lugares, he observado casos de caries en raíces expuestas, quedando muchas veces solo restos radiculares, lo que indica que esa persona probablemente atravesó por todos los tipos de dolor, desde el provocado por una caries incipiente hasta el generado por lesiones más avanzadas. Imagina lo que significa terminar una vida sintiendo recurrentemente uno de los cuatro dolores más agudos que puede sufrir un ser humano.
Cada uno de nosotros podría tener 32 piezas dentarias, 32 cajas de Pandora de dolor y sufrimiento. Pero entonces, ¿cómo la evolución permitió contar con esas bombas de tiempo en nuestra biología? Bueno, la verdad es que las tortas y los dulces nunca crecieron en los árboles, por tanto, las caries también son consecuencia de esta disfunción ambiental. La explicación que ha dado la odontología tradicional a las caries es que los azúcares creados para hacer más agradables nuestras comidas, generaron un ambiente propicio para la formación de bacterias, que son las que, en definitiva, van horadando nuestros dientes.
Desde la óptica de la evolución, eso tiene todo el sentido. Las galletas, los dulces, las tortas y todos esos agasajos son propios de culturas que ya hace rato se alejaron del mundo natural.
Sección 1
Sin embargo, la Odontología Holística va mucho más allá de esta explicación más bien simplista. Weston Price, considerado el “Isaac Newton de la nutrición” descubrió que las personas que vivían en la naturaleza mantenían sus bocas sanas y libres de caries, mientras que sus parientes cercanos, que compartían una genética similar pero que habían adoptado un estilo de vida civilizado, ya sufrían las consecuencias de las caries dentales. Weston Price Esto lo llevó a realizar extensos viajes alrededor del mundo en busca de las causas y efectos de esta diferencia. Así fue como llegó a los Alpes suizos, a remotas villas en las montañas, donde a pesar de consumir alimentos azucarados, sus habitantes prácticamente no sufrían de caries; encontraste, sus familiares que vivían en la ciudad sí padecían de ellas.
Price analizó todos los posibles factores que podrían explicar esa diferencia. Y encontró un posible elemento presente en la leche de las vacas de las montañas; la gente consumía la leche directamente, en cambio en las ciudades la leche que se vendía pasaba por un proceso llamado pasteurización, el cual somete a ciertas temperaturas al líquido para evitar que se propague la tuberculosis. Pero en las villas de las montañas se tomaba la leche directamente, sin procesar. Por tanto, Price dedujo que en la leche había algún elemento protector contra las caries, que desaparecía o era destruido durante la pasteurización.
A ese factor o elemento le llamó Factor Protector X. Muchos años después se logró analizar cuál podía ser ese factor, existiendo ya maquinaria de análisis científico para la composición de las moléculas. Resultó ser una vitamina muy parecida a la K, a la cual le asignaron el nombre de vitamina K2. Los japoneses hicieron un descubrimiento fortuito.
Descubrieron que al fermentar la soya se creaba un alimento con excelentes propiedades de beneficio a la salud; a esta soya fermentada le pusieron el nombre de NATTO.
Después se descubrió que al fermentar la soya se generaba la vitamina K2. Entonces, Weston Price concluyó que las caries dentales no solo se debían a un consumo excesivo de azúcares, sino que también estaban relacionados con deficiencias nutricionales. Realizó experimentos en los que, a personas con caries, se les suplementaban las vitaminas y nutrientes que podían estar en déficit. Observó que esas caries desaparecían y eran reemplazadas por tejido dental duro y sano, sin necesidad de un tratamiento realizado por un odontólogo.
En este punto estoy seguro de que debes estar pensando: Es cierto, el mayor rol de la odontología ha sido tratar las caries, pero creo que cualquier profesión del área de la salud vive la misma paradoja. Nuestro éxito profesional es… ¡quedar cesantes! Y espero que este libro sea un paso que contribuya en ese sentido. Continuemos… Se ha descubierto que la vitamina K2 cumple múltiples funciones en el desarrollo de los maxilares, la formación de los dientes y el crecimiento óseo.
También influye en la capacidad de las células internas del diente para nutrirlo, estimula la producción de hormonas que protegen contra las caries y ejerce un efecto antioxidante en el sistema nervioso central, entre otros beneficios. Ahora, no se trata de considerar a la vitamina K2 como una sustancia milagrosa; simplemente es un nutriente que suele estar bastante ausente en nuestra alimentación actual. Es como si pasáramos todo el día deshidratados y de pronto, comenzáramos a tomar agua: no es que el agua sea milagrosa, sino que estamos corrigiendo una carencia crónica. En tiempos ancestrales, las personas dedicadas a la caza y recolección consumían animales de forma completa, apenas cocidos, incluyendo vísceras y órganos internos, que son ricos en vitamina K2.
Claro, hoy no puedo recomendarle a una persona que salga a cazar un guanaco o un bisonte y coma sus entrañas semicrudas, pero sí puedo sugerir que adquiera cápsulas de vitamina K2, obtenidas a partir de la fermentación de la soya.
Por ahora, lo más recomendable es eliminar los azúcares de la alimentación y complementar con vitamina K2. Además, es importante prestar atención a los niveles de vitamina D, ya que, debido a nuestros hábitos actuales y a la poca exposición al sol, muchas personas presentan deficiencia de esta vitamina. Tanto la vitamina D como la K2 actúan de manera sinérgica para mineralizar los tejidos óseos y dentales. Por otro lado, el consumo de carbohidratos refinados provoca un daño generalizado, ya que altera ciertos mecanismos, como la producción de hormonas paratiroideas, lo cual influye en la capacidad de los dientes para defenderse contra las caries.
En la actualidad, los alimentos procesados, cocidos y molidos en exceso suelen ser muy pegajosos, lo que hace que permanezcan más tiempo adheridos a las superficies e irregularidades de los dientes. Esto crea un ambiente ideal para las bacterias responsables de las caries. Durante el Paleolítico, los alimentos no se refinaban ni se molían; estaban compuestos principalmente por fibras que, al masticarse, ayudaban a limpiar los dientes de manera natural.
Sección 2
Por lo tanto, la aparición de caries va mucho más allá de simplemente evitar el consumo de azúcares, fluorar el agua de las ciudades o usar pastas dentales con flúor. De hecho, como veremos más adelante, el uso de estos productos puede resultar incluso perjudicial para la salud. En la portada de este libro, bajo el título, agregué un subtítulo: La clave para tener dientes sanos (y de paso, todo lo demás). Esto invita a reflexionar sobre cómo las causas nutricionales en la salud bucal pueden extrapolarse al bienestar general del cuerpo, tal como lo demostró Weston Price.
Su trabajo fue tan relevante que se convirtió en la base de una fundación dedicada a mejorar la salud de las personas a través de una mejor alimentación. En mi experiencia personal y familiar, los beneficios han sido evidentes. Tengo dos hijos y el menor, según las tablas de crecimiento, iba a medir cerca de 10 cm menos que su hermano mayor, lo cual le generaba cierta incomodidad. Conociendo el rol de la vitamina K2 en retrasar la calcificación de los cartílagos de crecimiento, le sugerí incorporarla a su dieta y observar qué sucedía.
Hoy en día, ha superado en altura a su hermano.
Sin embargo, insisto: no se trata de una solución milagrosa, sino de corregir un déficit nutricional crónico que suele pasar desapercibido. Seguramente estás que sales corriendo a la farmacia a comprarla. Espera un poco. Hay otras enfermedades de la civilización que son tratadas con procedimientos obviamente artificiales y que pudieran entrar en conflicto con esta vitamina, por lo que su indicación debe hacerla un profesional bien formado en salud.
Enfermedades Periodontales Las enfermedades periodontales, o enfermedades de las encías, constituyen otro grupo de afecciones muy comunes: la mayoría de las personas las han padecido, las padecen actualmente o las padecerán en algún momento de su vida. Incluso es frecuente ver implantes dentales afectados por ellas. Estas patologías surgen cuando bacterias, diferentes a las que provocan las caries, se agrupan en grandes cantidades en zonas de difícil acceso para la higiene, especialmente entre los dientes y alrededor del cuello dental. Con el tiempo, estas bacterias pueden solidificarse, formando tártaro o sarro, y además desencadenar una respuesta inmunológica que lleva a la autodestrucción del hueso que sostiene los dientes e implantes.
Es como si el cuerpo identificara que hay un diente infectado e intentara expulsarlo antes de que la infección se propague al resto de la cara o la cabeza. Usualmente, el avance de las enfermedades periodontales es lento y muchas veces no genera molestias evidentes, por lo que una persona podría tener la enfermedad bastante avanzada sin darse cuenta, hasta que ya es demasiado tarde para una intervención sencilla. Lo mismo ocurre en los implantes dentales: un implante infectado muchas veces no presenta síntomas hasta que, simplemente, se desprende de la boca. Si bien no es que las bacterias destruyan directamente el hueso, es la reacción inmunológica que ellas desencadenan la que causa el daño.
Por lo tanto, esta enfermedad es modulada y mediada por el sistema inmune. Esto explica por qué hay pacientes especialmente susceptibles a la enfermedad. He conocido en mi vida un par de casos de personas que han perdido todos sus dientes alrededor de los 20 años, y posteriormente también perdieron todos sus implantes. Esto debido a que son personas que tienen algo así como una alergia a los productos bacterianos, por lo tanto, se produce una hiperreacción inmunitaria.
Y como se trata de una enfermedad inmunomediada, toda nuestra alteración cultural y evolutiva que afecta al sistema inmune podría estar influyendo en que hoy en día tengamos una incidencia tan elevada. A partir de los 35 años, la estadística de prevalencia de esta enfermedad es bastante alta en comparación con la que se observa en nuestros antecesores. En mi tesis de magíster, como les comenté, estudié pueblos cazadores-recolectores en la costa del desierto de Atacama. Fue un trabajo al cual logré conseguir la autorización para analizar cráneos de la colección Max Uhle, guardada en el Museo Nacional de Historia Natural de Santiago.
Fue una experiencia muy hermosa que realicé con mucho respeto por las personas que vivieron y habitaron esos territorios y cuyos restos óseos me enseñaron que, efectivamente, éramos más sanos en la antigüedad. I En el Museo Nacional de Historia Natural - 2011, en búsqueda de la Verdad. Esto reproducía las observaciones previas del investigador Nigel Clarke.
Sección 3
Sin embargo, en mi caso, se agregó un criterio más riguroso: sólo examiné individuos mayores de 35 años. De esta manera, se demostró que las personas podían llegar a una edad avanzada sin padecer mayormente esta enfermedad. Lo que sí se observó fue un desgaste dental considerable — como era de esperarse en pueblos costeros que se alimentaban de mariscos—, ya que estos alimentos contienen restos de arena que generan abrasión en las piezas dentales. El siguiente esquema, publicado en la revista Frontiers in Cellular and Infection Microbiology por la Dra.
Lea Sedghi de la University of California, muestra varios mecanismos por los cuales la salud de las encías está directamente vinculada con nuestra salud general y nuestra forma de vivir. A la izquierda se presentan los elementos que provienen de nuestra disfunción medioambiental, mientras que a la derecha se muestra un estado de equilibrio con nuestro entorno. Sedghi LM, Bacino M, Kapila YL. Periodontal Disease: The Good, The Bad, and The Unknown.
Front Cell Infect Microbiol. 2021 Dec 7;11:766944. doi: 10.3389/fcimb.2021.766944. PMID: 34950607; PMCID: PMC8688827.
Y entre todos los factores que contribuyen al agravamiento de la enfermedad periodontal, se destacan dos: el tabaquismo y la diabetes, ambos claramente identificables como Enfermedades de la Civilización. El hábito de fumar es un producto cultural reciente. En tiempos antiguos, algunas comunidades utilizaban ciertas hierbas en contextos ceremoniales o rituales, de manera ocasional y simbólica.
En cambio, actualmente un fumador puede pasar varias veces al día inhalando humo directamente hacia sus pulmones, junto con compuestos químicos para los cuales nuestro organismo no ha evolucionado para manejar. La nicotina, tras ser inhalada, llega al torrente sanguíneo en pocos segundos y se transforma en cotinina, una sustancia que podríamos considerar tóxica, ya que genera múltiples alteraciones, entre ellas un daño directo al sistema inmunológico de defensa de la encía y a la microcirculación sanguínea. Los vasos sanguíneos finos se colapsan, reduciendo drásticamente el flujo de sangre, lo que deja a las encías inermes y sin capacidad de defensa frente a infecciones. Por esta razón, se sabe que los pacientes fumadores tienen una alta tasa de fracaso en tratamientos con implantes dentales.
Y, por supuesto, todo el daño que genera el tabaquismo en la cavidad oral también ocurre en el resto del cuerpo. Quizás quienes lean estas líneas sean fumadores, y seguramente más de una vez su médico o sus familiares les han recomendado dejar el cigarrillo. Mi experiencia como clínico me ha mostrado que, cuando se trata de los dientes, por el vínculo emocional, funcional y estético que representan, muchos pacientes logran dejar de fumar.
Por ejemplo, he tratado a personas que fumaban más de 40 cigarrillos diarios durante décadas, y fue precisamente la motivación de recibir un tratamiento con implantes lo que les permitió motivarlos a abandonar ese hábito. A diferencia de los pulmones —que no se ven y pueden estar negros como carbón sin generar conciencia inmediata—, los dientes y molares son visibles, tienen una connotación estética y psicológica muy fuerte. Por eso creo que, en estos casos, el mayor beneficio del tratamiento con implantes no fue solamente recuperar piezas dentales, sino haber dado un paso decisivo hacia una vida más saludable y prolongada. Hay otro elemento muy importante a considerar, y que por sí solo debería ser una motivación suficiente para dejar de fumar.
La combustión del cigarrillo genera hidrocarburos policíclicos aromáticos, compuestos altamente tóxicos que pueden alterar el ADN celular y aumentar significativamente el riesgo de desarrollar cáncer a lo largo del trayecto que recorre el humo, desde la cavidad bucal hasta los pulmones. Todo odontólogo, sea holístico o no, debiera realizar una revisión periódica y minuciosa de las mucosas orales en todos sus pacientes, especialmente en aquellos que fuman. Al menos, hasta donde alcanza la vista clínica, esto nos permite detectar de forma precoz posibles lesiones malignas antes de que evolucionen a estadios avanzados. Me ha tocado diagnosticar algunos, pero afortunadamente a tiempo y no han significado el fallecimiento del paciente.
Cáncer Oral. Es indoloro por lo que el dentista debe detectarla precozmente Sin embargo, más allá de lo que podemos observar directamente, es imposible saber qué ocurre a nivel de los bronquios y pulmones, donde el daño puede estar avanzando silenciosamente. En cuanto a la diabetes, esta también ha sido definida por Boyd Eaton como una enfermedad de la civilización. El consumo habitual de carbohidratos procesados genera moléculas simples que se absorben rápidamente y entran al torrente sanguíneo, desbordando la capacidad del sistema regulador de glucosa en la sangre.
Sección 4
Esta sobrecarga constante provoca alteraciones metabólicas que afectan a las células beta del páncreas, las cuales, con el tiempo, dejan de producir la insulina necesaria para procesar adecuadamente estos picos de azúcar. A nivel de las encías, la diabetes genera alteraciones tanto en la respuesta inmunológica como en la irrigación sanguínea. Un periodoncista experimentado puede incluso sospechar la presencia de diabetes observando simplemente el estado de las encías de un paciente. En varias ocasiones, al detectar estos signos clínicos he sugerido al paciente realizarse un examen de glicemia, y los resultados han sido alarmantes, con índices superiores a 300 mg/dL.
En la antigüedad no se consumían cereales ni alimentos cultivados, y mucho menos cocidos o molidos.
Por lo tanto, si bien la dieta incluía carbohidratos, estos eran de cadena larga, lo que significa que requerían más tiempo para digerirse, absorberse y disponerse en el organismo. Esto permitía que el sistema regulador del azúcar funcionara adecuadamente. Por esta razón, incluso hoy en día se está reconociendo el valor de la dieta paleolítica como una estrategia para tratar la diabetes desde su origen, es decir, abordando sus causas etiológicas. En otro capítulo hablaré en detalle sobre este tipo de alimentación y sobre la pirámide alimentaria que la representa.
Además de la diabetes y el tabaquismo, existen otros factores que también desempeñan un rol importante en el desarrollo y agravamiento de la enfermedad periodontal. Entre ellos destacan la vida sedentaria, el aumento del diámetro de cintura y el estrés crónico. Todos estos son elementos profundamente ligados al estilo de vida moderno. Un cazador-recolector, por ejemplo, difícilmente desarrollaba grasa abdominal como la que se observa comúnmente hoy en día.
Esto se debe a que la acumulación de grasa visceral está directamente relacionada con el exceso calórico crónico que caracteriza a la dieta occidental moderna, basada durante décadas en la antigua pirámide alimentaria, una guía que promovía un consumo elevado de carbohidratos refinados y que hoy se reconoce como una de las causas fundamentales del desequilibrio metabólico. El diámetro de cintura no solo es un marcador estético, sino un potente indicador clínico de inflamación sistémica y resistencia a la insulina, dos condiciones que deterioran directamente el sistema inmunológico y aumentan la susceptibilidad a infecciones crónicas como la periodontitis. Respecto al estrés, ya hemos visto que se trata de una condición biológica profundamente alterada.
Sección 5
Sin embargo, en nuestra cultura actual, no se nos prepara ni se nos otorgan herramientas para enfrentarlo adecuadamente. Nos lanzan a vivir esta vida moderna, inmersos en estímulos constantes, exigencias laborales, tecnológicas y sociales, sin una guía clara sobre cómo manejarlos. Este estrés crónico, sostenido en el tiempo, afecta directamente al sistema inmune, desregula los niveles de cortisol y agrava la inflamación sistémica, facilitando así la progresión de enfermedades inflamatorias crónicas como la periodontal. Además, una mala nutrición, el bruxismo, la concomitancia de otras enfermedades de la civilización y el uso de ciertos medicamentos farmacológicos son factores que también se han asociado a una mayor gravedad de esta enfermedad.
Una alimentación deficiente en micronutrientes esenciales, como vitaminas antioxidantes (C, D, E) y minerales como el zinc y el magnesio, puede debilitar la respuesta inmunológica y los mecanismos de reparación tisular, afectando negativamente la salud gingival. Asimismo, las dietas proinflamatorias, ricas en azúcares refinados y grasas trans, aumentan los marcadores sistémicos de inflamación que exacerban la periodontitis. El bruxismo, que es el hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes, genera una sobrecarga mecánica sobre el aparato de soporte dental. Esta presión puede amplificar la destrucción ósea en pacientes con periodontitis activa, agravando su evolución clínica.
Otras enfermedades crónicas no transmisibles además de la obesidad, como las enfermedades cardiovasculares y los trastornos autoinmunes, han demostrado estar correlacionadas con la enfermedad periodontal a través de mecanismos inflamatorios comunes. Por último, ciertos fármacos, como los inmunosupresores, antihipertensivos, antiepilépticos y antidepresivos, pueden causar efectos adversos sobre la salud oral.
Por ejemplo, algunos inducen hiperplasia gingival (como la ciclosporina o la fenitoína), mientras que otros reducen el flujo salival, alterando la microbiota y favoreciendo la inflamación gingival. Alteraciones en el desarrollo de los maxilares: Como ya vimos en el capítulo anterior, los cazadores-recolectores contaban con dientes totalmente alineados y mordidas funcionales. Hoy en día, en cambio, enfrentamos una verdadera pandemia de anomalías dentomaxilares. Casi todos los niños requieren tratamientos de ortodoncia, que frecuentemente implican la extracción de premolares.
Eso no es normal. ¿Cómo es posible que la evolución nos haya dotado de dientes de sobra? La explicación ya fue planteada: se trata de una atrofia funcional de los maxilares, similar a lo que ocurre con nuestros cerebros y otras partes del cuerpo. Al reducirse la necesidad funcional de masticar alimentos duros y naturales desde la infancia, los maxilares no se desarrollan adecuadamente, y los dientes simplemente no caben.
Hasta aquí, ya tenemos una idea más o menos clara sobre el origen evolutivo de muchas de nuestras enfermedades orales y también generales. En el próximo capítulo veremos qué podemos hacer al respecto, abordando soluciones realistas que consideren nuestro entorno civilizatorio, prácticamente inamovible.